Por el social heater: Christian Herrera



Estamos contentos de este año haber podido estar presentes en la COP26 a través de nuestro social heater Christian Herrera fundador de time: to : act foundation

Este evento fue clave porque se busca implementar un plan para que los países consigan tener una huella de carbono cero para el año 2050.



¿Por qué es importante visibilizar el tema del cambio climático en países como Perú?

Latinoamérica históricamente es una región con limitada información sobre el cambio climático debido por una comunidad científica relativamente pequeña. Por lo tanto, los efectos que podría sufrir esta región no está adecuadamente representados en las conclusiones del IPCC (Panel intergubernamental para el cambio climático de la ONU) pero se destacan dos conclusiones de riesgo importantes:

a) Es muy probable que la temperatura incremente en todas las subregiones de Latinoamérica y que este proceso continúe de forma más acelerada que el promedio mundial, es decir, la región latinoamericana se va a calentar más rápido que el resto de los continentes.

b) Otro punto de riesgo es que va continuar la pérdida de glaciares en los andes bajo todos los escenarios de emisión de gases de efecto invernadero causando una importante reducción en los caudales de los ríos y potencialmente de los lago glaciares.



CONTRADICCIÓN CLIMÁTICA

Latinoamérica sufre desproporcionadamente la consecuencia del calentamiento global ello debido a que representa apenas el 5% de las emisiones de gases invernadero a nivel global, principalmente debido al sector energético, agricultura y por el uso de tierras. Mientras que europa, norteamérica y asia no sufren severas consecuencias siendo estas las regiones que más contribuyen a los gases de efecto invernadero.



¿Qué sucedió en la COP26?



Invitamos a Christian a que nos relate su experiencia y nos dé su opinión sobre el alcance que se desarrolló en este evento. Nos comparte lo siguiente:

Después de la renovación de esperanza y credibilidad de París en 2015, y de una pausa a causa de la pandemia, la Cumbre de Glasgow – Escocia ha significado un paso en falso hacia adelante que no se acercó a encontrar acciones concretas para resolver el problema de fondo, pero ha logrado clarificar aspectos positivos, reabrir las negociaciones y mirar nuevamente a los restos a la cara.

El acuerdo que tuvo en discusión a los representantes de casi 200 gobiernos, plasma algunos puntos rescatables en mitigación y adaptación. En mitigación logra incluir el sentido de urgencia y la necesidad de acción en el aspecto social y científico, ya que establece al 2022 como año límite para que los países actualicen sus planes de reducción de carbono para 2030. Ha existido también un paso tibio y temeroso en ambición, ya que por primera vez se menciona a los combustibles fósiles como el responsable de la crisis climática, pero solo insita a los gobiernos ha realizar una “disminución gradual” del uso del carbón como fuente de energía y los subsidios a los combustibles fósiles ineficientes, pero no se ha establecido una fecha límite real de eliminación de estos, recordándonos a todos el peso de cada palabra en el acuerdo, y las consecuencias que vendrán a raíz de estas. En adaptación, las partes instan a (en lugar de comprometer a) los países desarrollados a duplicar para 2025 los fondos para los países en vías de desarrollo, los que son y serán los más perjudicados, para que puedan ejecutar acciones que materialicen la atención a las pérdidas y daños ocasionados por el cambio climático.

A estos pasos tibios se unen avances en los sectores del carbón, transporte, metano, bosques y financiación de combustibles fósiles en el extranjero, entre otros. Un ejemplo es el acuerdo que se alcanzó entre China y Estados Unidos, los dos países más contaminantes del planeta, ya que, sin un compromiso mínimo de estos, no es posible técnica, científica y políticamente hablando alcanzar un aumento máximo de temperatura de 1.5°C, aunque en la práctica esta meta sea titánicamente difícil de lograr.

Llegado a este punto, debemos entender que el acuerdo alcanzado en Glasgow no es un cambio radical, ambicioso, ni optimista, pero si es un paso en falso hacia adelante ya que establece crear instrumentos de apoyo para avanzar hacia una solución efectiva, pero sin tener la ambición y sentido de urgencia que la emergencia climática amerita de cara a la ciencia. Según un informe de la Agencia Internacional de la Energía, si todos los gobiernos cumplen los planes presentados de reducción de emisiones al 100%, el aumento de temperatura rondará los 1.8°C, por encima del objetivo inicial que busca el Acuerdo de París, es decir, estamos caminando una vía sobre esperanzas en metas virtualmente irreales, ser consciente de ello, y de las consecuencias, tendría que ser un factor determinante para el aumento de ambición y sentido de urgencia.

Por otro lado, los países en vías de desarrollo seguiremos teniendo dificultades para adaptarnos efectivamente a la sostenibilidad si la comunidad internacional no hace realidad sus compromisos financieros, pero no debemos olvidar que tan importante como obtener el dinero es saber invertirlo, por lo que este último aspecto es quizá el primer gran reto que debemos superar para asegurarnos de no tener pérdidas en corrupción y errores de ejecución de los fondos.

El Acuerdo de París y las COP posteriores han tratado de establecer un acuerdo justo que garantice los resultados. Lo han hecho delegando en las naciones el establecimiento de sus propias metas para lograr el control del cambio climático, jugando un rol de jueces y partes, en el que definitivamente los pesos diferenciados de poder son más claros con el pasar de los años. Se ha avanzado, pero el mundo está aún lejos de lograrlo. Y es literalmente vital hacerlo.