Por la social heater: Lucero Yáñez Rojas



Estamos llegando al fin de otro año en pandemia y si bien seguimos alejados de las personas que queremos y estamos absorbidos en nuestras preocupaciones, eso no nos detiene en nuestro compromiso de tratar de mejorar la calidad de vida de alguien más.

Este mes, tuve la oportunidad de participar a través de Hoseg en el programa de entrega de casacas solidarias junto a nuestros aliados, Scania (clientes B2B que nos acompañan desde nuestros inicios con su programa Transportando Calor) y Ayuda en Acción (quienes son los encargados de hacer el contacto con las comunidades).

Ser parte de estas entregas me hizo ver cómo algo por lo que hemos venido trabajando día a día se materializa en abrazos, sonrisas y juegos de los niños y niñas que abrigamos.





Más que una casaca…

 

Aunque a veces pueda entrarnos la duda de cómo una compra puede realmente ayudar a alguien que se encuentra lejos de tu entorno, de tu realidad y a más de 3,000 m.s.n.m.; esta experiencia me ha hecho ver cómo todo nuestro esfuerzo se sintetiza en el programa de casacas solidarias y aquí te voy a contar todo ese proceso.

Nuestra última entrega del año, la cual hicimos con nuestros aliados y en coordinación con la ONG Huñuq Mayu se centró en 4 comunidades campesinas de la provincia de Andahuaylas, Apurímac: Ccñuaran, Pataccocha, Santa Rosa y Huinchos



Día 1: Ccñuaran y Santa Rosa

 



Empezamos un viaje de 6 horas a través de la sinuosa carretera que conecta Ayacucho con Andahuaylas. Al llegar al hotel que nos albergará por los próximos días nos encontramos con nuestros aliados Ayuda en Acción, Huñuq Mayu y Scania para lo que será un segundo viaje de hora y media hasta nuestro primer destino: la comunidad de Ccñuaran.

Una vez ahí, nos encontramos con una plaza vacía. Los niños aún se encuentran en el colegio, al cual ya asistían de forma presencial. En ese momento, te das cuenta cómo la realidad en el campo difiere mucho a la vida en la ciudad; y cómo la pandemia ha impactado en formas totalmente diferentes.

Los profesores nos comentaron cómo estaban manejando el retorno a la presencialidad; y que para reducir el riesgo de contagio estaban dictando clases solo una vez por semana, mientras que el resto de días las clases se dictaban a través de Whatsapp, dado que no tienen un buena señal de internet. Sin embargo, nos enteramos por los propios niños que muchos de ellos no pueden llevar las clases virtuales dado que no cuentan si quiera con un celular.

Luego vino la entrega de las casacas y no puede evitar pensar en cómo a veces damos por sentado cosas tan básicas como el internet, acceso a servicios de educación de calidad e incluso el agua potable.

Inmediatamente después nos dirigimos a nuestro segundo destino: Santa Rosa, donde los niños y padres de familia nos estaban esperando. Nos sorprendió muchísimo que nos recibieran, no solo con los brazos abiertos, sino con un delicioso almuerzo de trucha frita (mi comida favorita) con papas y ensalada. Después de ese recibimiento hicimos la entrega de las casacas a los niños y niñas; quienes empezaron a jugar futbol y corretear por todo el campo. Recuerdo sus caras de impresión y fascinación cuando nos vieron sacar el drone que empezó a volar por todo el campo mientras los niños lo perseguían llamándolo un “pequeño avioncito”; y si bien nadie quería que el momento terminara el atardecer nos obligó a regresar al hotel.





Día 2: Patacocha y Huinchos

 



Esta vez, el día inició un poco más tarde, y tras un viaje un poco más corto llegamos a la comunidad de Huinchos a eso de las 9:30 a.m. aproximadamente. Tras instalarnos en la plaza comenzamos a llamar a los niños inscritos en el padrón que nos proporcionó la comunidad para entregarles sus casacas.

Sin embargo, mientras hacíamos las gestiones, una señora se me acercó y habló en quechua sin que yo pudiera entenderle. Eso realmente me generó sentimientos encontrados; y es que necesité de la ayuda de los representantes de Huñuq Mayu para poder comunicarme con ella. Ahí me di cuenta de que no solo existe una brecha económica entre el campo y la ciudad (como me había pasado el primer día), sino que además existe una brecha cultural gigante. No solo por el hecho de no saber quechua (idioma que mi abuela habla con total fluidez al ser su lengua materna), sino por nuestra desconexión con nuestras raíces. Recordé todos esos años de mi infancia, donde a pesar de crecer en el seno de una familia de quechuahablantes, nunca se me enseñó porque se veía como algo innecesario e incluso que avergonzase.

Sin embargo, no pude evitar distraerme con los niños cuando empezamos con la entrega. Y es que deben entender, estos niños estaban fascinados con mi pelo (el cual tengo teñido de morado) y mis tatuajes. No tardaron sino minutos en formar un círculo a mi alrededor para luego llenarme de mil preguntas sobre algo que para ellos era seguramente inusual. Estaban hambrientos por conocer más y ninguna explicación era suficiente. Yo era una novedad y ellos tenían mucha curiosidad.





Finalmente nos dirigimos a la comunidad de Patacocha, que se encuentra como a 15 minutos de Huinchos. Ahí tuvimos que esperar como una hora a que los niños bajarán de la escuela que se encontraba a una gran distancia. De nuevo, te das cuenta cómo las distancias simbolizan esa brecha que nos separa y a veces constituye una barrera que acentúa la desigualdad.

Los niños no dejaban de llegar mientras nosotros íbamos entregando las casacas. Algunos bajaban corriendo, otros en bicicleta. Ahí nos tomamos mil fotos; los niños estaban obsesionados con sacarnos selfies para verse luego en las fotos.





Somos diferentes cielos en un mismo mapa

 

Al regreso de esta experiencia no solo entendí, de primera mano, toda la logística que hay detrás de una compra de casacas Hoseg, sino que regresé con una visión distinta de todos los privilegios a los que estoy acostumbrada. Si bien nosotros solo estamos ayudando a mejorar un poco la calidad de vida de esos niños, las acciones colectivas de nuestros aliados hacen de estas iniciativas una bola de nieve que poco a poco puede ayudar a cambiarles la vida.

También una vez más comprendí que somos diferentes cielos en un mismo mapa y que existen enormes distancias que aún nos separan. Sin embargo, gracias a Huñuq Mayu, Scania y Ayuda en Acción y otros aliados, podemos hacer más cortas esas distancias a través de un trabajo gestionado a mediano y largo plazo. Pero ello solo se logrará con la participación conjunta de la sociedad y el Estado.





Un año más de impacto

Con esta entrega cerramos un año más de impacto y queremos compartirles la lista de comunidades que hemos abrigado a lo largo del 2021. Si bien ha sido un año atípico y con mucha incertidumbre, hemos logrado cumplir el reto gracias a ustedes y continuaremos construyendo el camino juntos, siempre alineados a nuestro propósito.